No empecé a sospechar lo peor hasta que los incidentes se hicieron inequívocos. Una plancha en la heladera, ropa en el lavavajillas, libros en el horno. Y muchas otras cosas. Pero el día que la encontré en el coche, a tres cuadras de casa, llorando sobre el volante porque estaba perdida, me asusté de veras. Y ella también se asustó porque cuando golpeé la ventanilla, se volvió y me dijo: "¡Dios mio! ¿Qué me está pasando? Por favor, ayúdame". Sentí un nudo en el estómago, pero ni siquiera entonces me atreví a sospechar lo peor.
"El cuaderno de Noah", Nicholas Spark

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